Intervalo de resolución: la ventana en la que se decide

Curva de neutrófilos con el pico, la caída a la mitad y el intervalo de resolución sombreado entre ambos

En corto: bajar una inflamación y resolverla no son la misma cosa. Tu cuerpo tiene un programa para cerrarla y ocupa una ventana que se puede medir: del pico de células defensivas hasta que bajan a la mitad. Se llama intervalo de resolución. Dentro de esa ventana ocurre algo que casi nadie espera — la misma vía que encendía el proceso es la que da la orden de cerrarlo. Y hay ensayos con placebo, en personas, que miden los dos escalones: el omega-3 sube los precursores de las señales de cierre, y un aceite rico en esos precursores sube las señales y cambia lo que hacen las células de defensa.

Casi todos damos por hecho lo mismo

Que una inflamación se acaba cuando deja de haber motivo. Que se apaga sola, por agotamiento, como un fuego al que se le termina la leña.

Pues no. Se cierra. Y cerrarla es un trabajo.

En 2005, Charles Serhan y John Savill publicaron en Nature Immunology un artículo cuyo título ya lo decía todo: la resolución de la inflamación: el principio programa el final1. Su descripción es la de un programa activo y coordinado que arranca en las primeras horas, no al final. Las células que llegaron a defender empujan un cambio: las moléculas que amplificaban el proceso dan paso a otras que inician la secuencia de terminación. Deja de acudir gente nueva, los que llegaron se retiran, los macrófagos recogen los restos, el tejido se rehace y el equipo se va por los linfáticos.

Eso es resolver. No es que la inflamación baje: es que se cierra y se repara. Lo contamos entero en qué es la resolución de la inflamación.

Esa ventana tiene nombre y tiene número

El intervalo de resolución es el tiempo que va desde el pico de neutrófilos de una inflamación hasta que esas células bajan a la mitad. Y aquí se puede poner un número.

El equipo de Bannenberg y Serhan lo midió en 2005, en exudados de ratón, y le puso números2. Tres, y son sencillos de entender:

El pico. El número máximo de neutrófilos —las primeras células que acuden— de toda la respuesta.

El momento. Cuándo se alcanza ese pico.

El intervalo de resolución. El tiempo que va desde el pico hasta que esas células bajan a la mitad.

Ese intervalo es la ventana. Lo que ocurra dentro decide cómo termina la historia.

Y no es una ventana de esperar a que pase. Es cuando el cuerpo está trabajando.

Lo que ocurre dentro: el cambio de clase

Dentro de esa ventana, las moléculas que amplificaban la inflamación dan paso a otras que ordenan cerrarla. Se llama cambio de clase de mediadores lipídicos, y es lo más contraintuitivo de todo esto.

En 2001, en el mismo laboratorio, Bruce Levy y Serhan describieron el interruptor3. Y la pieza clave no la vieron en un ratón: expusieron neutrófilos humanos de sangre periférica a prostaglandina E2 —una de las moléculas que amplifican la inflamación, de la familia que producen las enzimas COX— y esas células cambiaron de fabricación: dejaron de producir leucotrieno B4 y empezaron a producir lipoxina A4, una molécula que, en sus palabras, «paró» la infiltración.

Léelo otra vez. La molécula que enciende es la que después da la orden de empezar a cerrar.

Los autores lo dejan escrito así: los mediadores de la primera fase promueven el giro hacia los lípidos antiinflamatorios. No hay dos bandos enfrentados. Hay una secuencia, y cada pieza llama a la siguiente. Las moléculas que dirigen ese cierre son las que explicamos en qué son los SPMs.

La prueba del reloj

El mismo antiinflamatorio, dado en dos momentos distintos de una inflamación, dio resultados opuestos. Si la misma vía enciende y luego ordena cerrar, hay una pregunta incómoda: ¿qué pasa si la bloqueas justo cuando tocaba cerrar?

Derek Gilroy y su equipo lo midieron, y Nature Medicine lo publicó en 19994.

El experimento del reloj no se puede hacer en personas —nadie va a bloquearte la resolución a ver qué pasa—, así que se hizo en animales. Vieron que la enzima COX-2 —la diana principal de los antiinflamatorios de uso común— no aparece una vez, sino dos. Un primer pico al principio, cuando la inflamación arranca. Y un segundo pico un 350 % mayor que el primero al cabo de dos días, justo cuando el proceso se estaba resolviendo.

Entonces bloquearon la enzima en cada momento. A las dos horas, el antiinflamatorio hizo su trabajo: redujo la inflamación. A las cuarenta y ocho horas, la misma sustancia la empeoró de forma significativa.

Y aquí hay un matiz que hace esto más interesante, no menos: en la fase tardía la enzima no fabrica lo mismo que al principio. En este experimento la E2 estaba casi ausente a las cuarenta y ocho horas, y lo que había subido eran otras prostaglandinas de la misma familia. Cuando repusieron exactamente esas, el efecto se revirtió.

La vía es la misma. El mensajero concreto cambia según el tejido y el momento. Y no era casualidad ni ruido: era la señal de cierre, quitada justo cuando hacía falta.

Mismo fármaco. Dos momentos. Resultados opuestos.

Y no es solo en agudo

En un modelo crónico pasó lo mismo: bloquear la vía durante la fase de resolución perpetuó la inflamación en lugar de atenuarla.

Marion Chan y Andrea Moore llevaron la pregunta a un modelo crónico —artritis en ratón— y la publicaron en 2010 en el Journal of Immunology5. Y cuando repusieron la molécula que habían quitado, la cosa volvió a su sitio, a través de la lipoxina otra vez.

De su conclusión sale la frase más honesta del asunto, y la firman ellos: esto podría explicar por qué los inhibidores de la COX-2 son paliativos y no curativos, porque bloquear la resolución puede mitigar el beneficio de haber prevenido el arranque.

Eso no lo dice una marca de suplementos. Está en una revista de inmunología.

La aspirina, que es la excepción y la que lo explica todo

La aspirina no deja la enzima inerte: la modifica, y la enzima modificada fabrica moléculas que empujan hacia la resolución. Aquí es donde esto deja de parecer una cruzada contra los antiinflamatorios, porque no lo es.

La aspirina también apaga la producción normal de prostaglandinas — para eso acetila la enzima, la modifica de forma permanente6. Pero al modificarla no la deja inerte: la enzima acetilada empieza a fabricar otra cosa, que otra célula convierte en moléculas emparentadas con las lipoxinas, las que empujan hacia la resolución.

Bloquea, sí. Pero además abre una salida. Y ahí está la diferencia real, que no es entre tomar y no tomar.

Que quede claro lo que esto no es: no es un consejo de cambiar un antiinflamatorio por aspirina. La aspirina tiene sus propios riesgos y su indicación la pone un médico. Sirve aquí para entender un mecanismo, no para elegir pastilla.

Y esto, en personas, ¿se ha medido?

Sí: hay ensayos con placebo en humanos que miden cómo suben en sangre las señales de cierre al suplementar. Y es la parte que más me interesa.

A finales de 2019, un equipo del Queen Mary de Londres publicó en Circulation Research un ensayo aleatorizado, doble ciego, cruzado y controlado con placebo en 22 voluntarios sanos7. Les dieron una sola toma de un aceite marino enriquecido en esos precursores —a tres dosis distintas— y midieron qué pasaba en su sangre a las 2, 4, 6 y 24 horas.

Las señales de cierre subieron según la dosis y según el tiempo. Pero no se quedaron en el análisis: los neutrófilos y los monocitos de esas personas capturaban bacterias mejor, había menos activación diurna de leucocitos y plaquetas, y a las veinticuatro horas había cambiado la expresión de genes inmunes y metabólicos.

Es un ensayo pequeño y exploratorio, y conviene decirlo. Su valor está en otra cosa: tiene placebo, y no se quedó en medir moléculas — midió si las células hacían algo distinto.

Y hay un segundo ensayo que cubre el escalón de antes8. Doce semanas, EPA a secas a distintas dosis, en personas con depresión e inflamación crónica de bajo grado: el precursor de una de esas señales subió más cuanto más alta era la dosis, y una de las resolvinas no apareció hasta que se suplementó. Con placebo no se movió nada.

Los dos juntos cuentan la cadena entera, cada uno su tramo: el ácido graso sube el precursor, y el aceite rico en precursores sube la señal y cambia lo que hace la célula.

El cuerpo fabrica sus propias señales de cierre, y las fabrica con EPA y DHA9. Y EPA y DHA son ácidos grasos esenciales en el sentido que importa: tu cuerpo puede fabricarlos a partir de otro omega-3 de origen vegetal, pero lo hace tan mal —una fracción pequeñísima llega a DHA— que en la práctica dependes de lo que comes.

Sin ese material, la fábrica tiene el plano pero no tiene con qué.

Es la misma idea de siempre, solo que ahora con un cronómetro delante y un ensayo detrás: el omega-3 no es un antiinflamatorio. Es el sustrato con el que se construye la señal que cierra.

Lo que esto no significa

Conviene decirlo con las mismas letras que lo demás.

No existe ningún ensayo clínico que diga que tomar un antiinflamatorio cronifique tu inflamación. No lo hay, y no lo vamos a insinuar. Lo que hay es un mecanismo descrito y medido, que plantea una pregunta legítima sobre el cuándo — no sobre el si.

Y tampoco se deduce ninguna pauta: nadie ha ensayado en personas si cambiar el momento de la toma cambia el desenlace.

Los antiinflamatorios existen porque funcionan, y hay millones de personas que los necesitan.

Lo que sí puedes hacer con esto

Llevártelo a tu médico y hablarlo.

Y fíjate en las fechas de todo lo que acabas de leer: 1999, 2001, 2005, 2010. La resolución como programa activo, con sus fases y sus tiempos, se describió después de que se escribieran los manuales con los que se formó buena parte de la profesión. No es que nadie se equivocara. Es que esto llegó más tarde.

Por eso no vas a decirle a nadie que deje nada. Vas a llevar una conversación, y no la vas a llevar con lo que dice una marca: la vas a llevar con su propia literatura, que está publicada, firmada y tiene DOI.

Si quieres una forma rápida de situarte, el test de 6 preguntas va justo de esto.

El principio programa el final. Y en medio hay una ventana.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el intervalo de resolución?

Es el tiempo que va desde el pico de neutrófilos de una inflamación hasta que esas células bajan a la mitad. Se definió en 2005 junto con otros dos índices —el pico y el momento en que se alcanza— al medir exudados en ratón. Es la ventana en la que el cuerpo ejecuta el cierre.

¿Es lo mismo bajar la inflamación que resolverla?

No. Bajar la inflamación es reducir su intensidad. Resolverla es un programa activo con fases: deja de acudir gente nueva, las células que llegaron se retiran, los macrófagos recogen los restos y el tejido se repara. Una inflamación puede estar baja y no estar cerrada.

¿Los antiinflamatorios impiden que la inflamación se cierre?

No hay ningún ensayo clínico que lo demuestre en personas. Lo que hay son experimentos en animales donde bloquear la enzima COX en la fase tardía empeoró la inflamación en lugar de reducirla, mientras que hacerlo al principio sí la redujo. Es una pregunta sobre el momento, no sobre el fármaco.

¿Por qué la aspirina es distinta de los demás antiinflamatorios?

La aspirina acetila la enzima COX-2 en lugar de dejarla inerte. Sigue apagando la producción normal de prostaglandinas, pero la enzima modificada empieza a fabricar otro producto que acaba convirtiéndose en moléculas emparentadas con las lipoxinas, las que empujan hacia la resolución. Bloquea y además abre una salida.

¿Qué papel tiene el omega-3 en la resolución de la inflamación?

El cuerpo fabrica las señales que cierran la inflamación —resolvinas, protectinas y maresinas— a partir del EPA y el DHA. El organismo los fabrica a partir de otro omega-3 vegetal, pero con una eficiencia muy baja, así que en la práctica dependen de la alimentación. En ensayos con placebo, suplementar sube en sangre los precursores de esas señales.

¿Debo cambiar cuándo tomo mi antiinflamatorio?

No a partir de este artículo. Nadie ha ensayado en personas si cambiar el momento de la toma cambia el resultado, así que de aquí no se deduce ninguna pauta. Si te interesa el tema, la conversación es con tu médico.

Referencias

  1. Serhan CN, Savill J. Resolution of inflammation: the beginning programs the end. Nature Immunology, 2005;6(12):1191-7.
  2. Bannenberg GL, Chiang N, Ariel A, et al. Molecular circuits of resolution: formation and actions of resolvins and protectins. Journal of Immunology, 2005;174(7):4345-55.
  3. Levy BD, Clish CB, Schmidt B, Gronert K, Serhan CN. Lipid mediator class switching during acute inflammation: signals in resolution. Nature Immunology, 2001;2(7):612-9.
  4. Gilroy DW, Colville-Nash PR, Willis D, et al. Inducible cyclooxygenase may have anti-inflammatory properties. Nature Medicine, 1999;5(6):698-701.
  5. Chan MM, Moore AR. Resolution of inflammation in murine autoimmune arthritis is disrupted by cyclooxygenase-2 inhibition and restored by prostaglandin E2-mediated lipoxin A4 production. Journal of Immunology, 2010;184(11):6418-26.
  6. Morris T, Stables M, Gilroy DW. New perspectives on aspirin and the endogenous control of acute inflammatory resolution. TheScientificWorldJournal, 2006;6:1048-65.
  7. Souza PR, Marques RM, Gomez EA, et al. Enriched marine oil supplements increase peripheral blood specialized pro-resolving mediators concentrations and reprogram host immune responses. Circulation Research, 2020;126(1):75-90.
  8. Lamon-Fava S, So J, Mischoulon D, et al. Dose- and time-dependent increase in circulating anti-inflammatory and pro-resolving lipid mediators following eicosapentaenoic acid supplementation. Prostaglandins, Leukotrienes and Essential Fatty Acids, 2020;164:102219.
  9. Serhan CN, Chiang N, Dalli J, Levy BD. Lipid mediators in the resolution of inflammation. Cold Spring Harbor Perspectives in Biology, 2014;7(2):a016311.

✔️ Revisión médica

Este artículo ha sido revisado por el Dr. Jorge Oseguera Anguiano, médico especialista en Medicina Funcional, para garantizar el rigor de su contenido.

Retrato de Toni Villar, fundador de Vibefarma

Toni Villar

Fundador de Vibefarma. Especialista en omega-3, SPMs (mediadores pro-resolutivos) y resolución de la inflamación. Trabajo el concepto de coherencia biológica: darle al cuerpo lo que necesita para recuperar su capacidad innata de resolver y sanar. Divulgo sobre nutrición celular basada en evidencia científica. ¿Nos sigues?

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