EL PROTOCOLO
Sin sustrato no hay resolución. Sin señal no hay cierre. El pack te da los dos.
En corto: son moléculas que el cuerpo fabrica a partir de los ácidos grasos de sus propias membranas, y su papel descrito no es apagar la inflamación sino ordenar su cierre. Se agrupan en familias según de qué ácido graso salen: la serie E viene del EPA, la serie D y las protectinas y maresinas vienen del DHA, y las lipoxinas —las primeras que se descubrieron, en 1984— vienen del omega-6. Y lo que hacen no es una versión suave de un antiinflamatorio: es otro verbo. Frenan la llegada de más células y aumentan la capacidad del macrófago de retirar las gastadas — y eso está medido en célula humana, molécula a molécula. El tercer paso, la evacuación de los restos por la vía linfática, está medido de momento en animal.
Contenido
La historia no empieza con el pescado: empieza en 1984, con el ácido araquidónico. Ese año, un equipo del Instituto Karolinska describió una familia química nueva formada en leucocitos humanos a partir del araquidónico, que es un omega-6. Las llamaron lipoxinas1.
El trabajo lo firmaba Bengt Samuelsson, Nobel de Medicina en 1982 por las prostaglandinas. Charles Serhan, que años después bautizaría las resolvinas, era entonces su investigador postdoctoral.
Conviene no adornarlo: en aquel artículo las lipoxinas no se describieron como antiinflamatorias. Al contrario, una de ellas estimulaba al neutrófilo con una potencia comparable a la de un mediador claramente inflamatorio. Que aquello fuera una señal de cierre tardó años en entenderse.
Pero el detalle importa por otra razón. Si la primera molécula pro-resolutiva descrita sale del omega-6, entonces el relato de «omega-6 malo, omega-3 bueno» es demasiado simple para ser verdad. Lo que hay no es un bando bueno y uno malo: es una secuencia.
Son mediadores lipídicos que el organismo fabrica a demanda a partir de los ácidos grasos de sus membranas, y que participan en la fase de cierre de una inflamación. En inglés se les llama specialized pro-resolving mediators, y de ahí sale la sigla SPM con la que aparecen en la literatura.
No se almacenan. Se fabrican en el momento, duran poco y actúan cerca de donde se han producido. Y cada familia tiene su materia prima, su enzima y su célula:
| Familia | Sale de | Ácido graso | Enzima clave | La fabrica |
|---|---|---|---|---|
| Lipoxinas | ácido araquidónico | omega-6 | 5-LO junto con 15-LO | leucocitos humanos |
| Serie E (resolvinas E) | 18-HEPE | EPA (omega-3) | 5-LO, y 12/15-LO para la E3 | neutrófilo y eosinófilo |
| Serie D (resolvinas D) | 17-HDHA | DHA (omega-3) | 15-LO más 5-LO | neutrófilo |
| Protectina D1 | 17-HpDHA | DHA | 15-LO, vía epóxido | neutrófilo; en tejido nervioso se llama neuroprotectina D1 |
| Maresina 1 | 14-HpDHA | DHA | 12-LO del macrófago | macrófago |
Fíjate en la última columna, porque es lo que casi nunca se cuenta: no las fabrica una glándula. Las fabrican las propias células que acudieron a la inflamación, y cada tipo de célula hace la suya.
Las resolvinas de la serie E salen del EPA.
La primera que se describió fue la resolvina E1, y trajo consigo el detalle que más dice de toda la familia: tiene un receptor propio2. Que una molécula tenga receptor significa que el cuerpo la esperaba. No actúa por concentración, como quien echa más sal: actúa como una llave en una cerradura.
La resolvina E3 llegó después, con una sorpresa3: la fabrica otra célula. No el neutrófilo, sino el eosinófilo, y con otra enzima. La misma materia prima da productos distintos según quién la trabaje.
El DHA alimenta tres familias, y lo que las separa es qué enzima entra primero.
La palabra «resolvina» se acuñó en 2002, para unos productos del omega-3 que contrarrestaban las señales de encendido4. De ahí sale la familia entera.
Las protectinas llegaron poco después145, y tienen una particularidad de nombre que despista a mucha gente: la misma molécula se llama protectina D1 en general y neuroprotectina D1 cuando aparece en tejido nervioso. No son dos cosas. Es una con dos nombres, según dónde esté.
Las maresinas son las últimas en llegar, en 2009, y son cosa del macrófago6 — de ahí el nombre, macrophage mediator in resolving inflammation. Y la maresina 1 hace algo que conviene entender bien: a concentraciones minúsculas empuja al macrófago humano a retirar los neutrófilos gastados, con algo más de fuerza que la resolvina D17. El mediador inflamatorio con el que la compararon no hace eso.
La diferencia entre inhibir y resolver no es de intensidad: son dos verbos distintos.
Un antiinflamatorio reduce la producción de los mediadores que encienden. Lo que hacen estas moléculas es otra cosa, y son tres acciones concretas:
La demostración más limpia que existe está en Nature, y es en ratón9. Bloquearon las enzimas que fabrican tanto los mediadores que encienden como los que cierran. Resultado: la inflamación no se resolvió. Los autores lo llamaron por su nombre, resolution deficit — un déficit de resolución.
Y entonces hicieron lo que había que hacer para saber de quién era la culpa: repusieron resolvina E1 y protectina D1. El agujero se tapó.
Bloquear la enzima no solo quita los mediadores que encienden: deja a la resolución sin material con el que trabajar. Es ratón, y por eso no se dice que eso te pase a ti — pero es el mismo mecanismo que cuenta, desde otro laboratorio y con otro modelo, por qué un antiinflamatorio alivia pero no cierra.
Y hay una segunda pieza, esta vez en personas. Cuando se provoca una inflamación controlada en la piel de voluntarios jóvenes y mayores, el encendido es igual en los dos grupos: lo que está deteriorado en los mayores es el cierre, porque su macrófago retira peor las células muertas. Lo contamos entero en por qué tu cuerpo no fabrica el omega-3 que necesita.
Encender y cerrar son dos capacidades distintas. Se estropean por separado, y la que se estropea es la segunda.
Cuando una persona toma EPA o DHA, en su sangre suben los precursores de estas moléculas. Y suben más cuanto mayor es la dosis.
Eso está bien establecido. Con placebo no se mueve nada; con EPA, el 18-HEPE —el precursor de la serie E— sube, y la diferencia se ve entre la semana cuatro y la doce10. No es cosa de días.
Y no se queda en un análisis de sangre. Con un aceite marino rico en esos precursores, los glóbulos blancos capturaban bacterias mejor, y en veinticuatro horas había cambiado la expresión de sus genes inmunes11. Sustrato, señal y función, medido en personas.
Ahora la parte que casi nadie cuenta, y que es la diferencia entre entender esto y repetir un titular: precursor no es lo mismo que mediador final. En el ensayo con EPA, una de las resolvinas solo apareció después de suplementar y otra no se detectó en absoluto. Y la respuesta no es igual en todo el mundo: entre personas mayores, hombres y mujeres respondieron distinto12. Sabemos que varía. Todavía no sabemos bien por qué.
Las tres familias de omega-3 de este artículo se fabrican con EPA y con DHA, y ninguno de los dos lo produce tu cuerpo en cantidad suficiente: entran por la comida.
Esa es la frase que conecta la bioquímica con el plato, y no hace falta adornarla. Sin materia prima no hay con qué fabricar la señal de cierre — y que ese material llega cuando entra por la dieta está medido en el ensayo con placebo del apartado anterior.
Es la idea que está detrás de por qué el omega-3 es el sustrato y la razón de que aquí hablemos tanto de membranas y tan poco de milagros. Si quieres la versión de entrada, sin bioquímica, está en qué son los SPM; si buscas cuánto tomar y cómo, en cuántas cápsulas al día; y si prefieres situarte antes de cambiar nada, el test de 6 preguntas va de esto mismo.
★★★★★ 4,9 · 533 reseñas
Son mediadores lipídicos que el organismo fabrica a partir de los ácidos grasos de sus membranas y que participan en la fase de cierre de una inflamación. Las resolvinas de la serie E salen del EPA; las de la serie D, las protectinas y las maresinas salen del DHA. No se almacenan: se fabrican en el momento y duran poco.
Un antiinflamatorio reduce la producción de los mediadores que encienden la inflamación. Lo que se ha descrito en estas moléculas es distinto: frenan la llegada de más células, aumentan la capacidad del macrófago de retirar las células gastadas y favorecen la evacuación de los restos por la vía linfática. No es una versión más suave de lo primero.
Las lipoxinas vienen del ácido araquidónico, que es un omega-6. Las resolvinas de la serie E vienen del EPA. Las resolvinas de la serie D, las protectinas y las maresinas vienen del DHA. Las tres últimas son omega-3.
Lo que sube de forma demostrada, y más cuanto mayor es la dosis, son los precursores: el 18-HEPE y el 17-HDHA. Los mediadores finales suben mucho menos y de forma irregular: en un ensayo con EPA, una resolvina solo apareció tras suplementar y otra no se detectó en absoluto.
El punto de partida son las lipoxinas, descritas en 1984 en el laboratorio de Bengt Samuelsson, premio Nobel de Medicina en 1982. Las resolvinas se nombraron en 2002 en un trabajo de Charles Serhan y su equipo, que fue postdoctoral de Samuelsson. Las maresinas llegaron en 2009.
En personas, la evidencia de reparación estructural —tejido que se rehace y se puede ver— no está. Lo que hay es evidencia en modelos animales y en cultivo. Trasladar eso a una persona sería inventarse el resultado.
Es el proceso por el que el macrófago retira los neutrófilos que ya han cumplido su función y han entrado en muerte celular programada. Es uno de los pasos del cierre de una inflamación, y es una de las acciones descritas para estas moléculas en célula humana.
✔️ Revisión médica
Este artículo ha sido revisado por el Dr. Jorge Oseguera Anguiano, médico especialista en Medicina Funcional, para garantizar el rigor de su contenido.
Fundador de Vibefarma. Especialista en omega-3, SPMs (mediadores pro-resolutivos) y resolución de la inflamación. Trabajo el concepto de coherencia biológica: darle al cuerpo lo que necesita para recuperar su capacidad innata de resolver y sanar. Divulgo sobre nutrición celular basada en evidencia científica. ¿Nos sigues?
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