Omega 3 y Acné: cómo ayuda a reducir la inflamación y sus beneficios en la piel

Si eres un joven adulto que sufre de acné leve, acné severo o acné moderado y no ves mejoría con el tratamiento actual recomendado por tu dermatólogo o eres un padre de un adolescente con acné juvenil y te han sugerido el Omega 3 como una posible solución, este post es el que necesitas para saber más al respecto.

Es bien sabido que la apariencia de nuestra piel es el reflejo de la propia salud interna. Con esto se entiende que todo lo que pasa en nuestro organismo, ya sean procesos metabólicos, absorción de nutrientes, manejo de elementos tóxicos, función orgánica, entre otros factores, tiene una repercusión en las características de la piel.

Tenemos que tener en cuenta que la piel no puede ser solo sinónimo de belleza, sino que también cumple una función protectora en contra de los dañinos elementos provenientes del medio ambiente, los que también pueden alterar su apariencia.

Un claro ejemplo de estas interacciones se encuentra en el acné. Sin embargo, con los avances de las ciencias de la salud, se han descubierto maneras que ayudarían a modular estos factores, reduciendo así el daño producido por esta afección.

Dentro de todas estas, la forma en que se alimentan los pacientes ha recibido mucha atención, dando a conocer los alimentos que se deberían evitar y los elementos nutricionales, tales como el Omega 3, que deberían incluirse en la dieta, así como la vitamina A y la vitamina D.

Flecha¿Qué es el acné?

El acné (acné vulgaris) es una afección dermatológica con una importante carga de enfermedad cutánea y psicológica debido a su cronicidad (7). Epidemiológicamente, esta patología es más común en los adolescentes, afectando aproximadamente al 85% de ellos. Si bien su prevalencia disminuye luego de la adolescencia, esta permanece siendo bastante alta en los adultos jóvenes (7, 8).

La aparición de acné es el resultado de múltiples procesos que ocurren dentro de las unidades pilosebáceas, formadas por los folículos pilosos y las glándulas sebáceas, que conllevan al sobrecrecimiento bacteriano y la inflamación local (8). Este proceso responde a una serie de fenómenos que respetan cierto orden:

  1. Se altera la función de las glándulas pilosebáceas y los folículos pilosos se hacen más estrechos, llevando al desarrollo de microcomedones.
  2. Altos niveles de andrógenos circulantes inducen al desarrollo de sebo, lo que contribuye a un mayor desarrollo de los comedones.
  3. La bacteria Propionibacterium acnes, que se encuentra normalmente en nuestra piel, se alimenta del sebo encontrado en las unidades pilosebáceas, favoreciendo su desarrollo.
  4. Este crecimiento produce inflamación local a través de la liberación de múltiples factores pro-inflamatorios.
  5. El proceso culmina con la aparición de los signos característicos del acné: pápulas, pústulas, nódulos, quistes, cicatrices e hiperpigmentación cutánea.

Flecha ¿Qué alimentos empeoran el acné?

Ciertamente, a modo de prevenir o tratar esta afección, los cambios en la alimentación han sido objeto de estudio por múltiples expertos en la materia, quienes, a través de diversas investigaciones, han postulado relaciones entre ciertos alimentos y la perpetuación o mejoría del acné inflamatorio.

Los estudios que mencionan los alimentos que podrían empeorar el acné se han concentrado principalmente en el consumo de chocolate y leche (2, 4, 5, 8, 9).

Por una parte, la ingesta de chocolate ha sido asociada con la aparición y agravamiento de las lesiones acneiformes, presentando una relación directamente proporcional entre ambos factores. Sin embargo, el porcentaje de cacao presente en el chocolate podría ser determinante, ya que el chocolate oscuro contiene mayores niveles de antioxidantes, los cuales tienen menor efecto comedogénico (2, 5, 9).

Por otra parte, el consumo de lácteos podría incrementar la producción de sebo dentro de las unidades pilosebáceas, lo que agravaría el cuadro cutáneo existente.

Se piensa que es el contenido hormonal que tiene la leche de vacas embarazadas, especialmente de factor de crecimiento semejante a la insulina tipo 1 (IGF-1), lo que aumentaría el nivel de andrógenos circulantes en el humano, agravando la sintomatología del acné (2, 4, 5, 8, 9).

Además, se cree que el índice y la carga glicémica de la dieta pueden participar en el desarrollo del acné, lo que se puede confirmar si se observa la elevada prevalencia de esta afección en personas que practican dietas occidentalizadas, ricas en carbohidratos y grasas poco saludables (4, 5). Esto llevaría al desarrollo de hiperinsulinemia, lo que estimularía la secreción de andrógenos, hormona de crecimiento y IGF-1, así como otros factores que inciden en la perpetuación del acné (2, 4, 5, 9).

Flecha ¿Qué beneficios tiene el Omega 3 para la piel con acné?

Pero la prevención o tratamiento del acné inflamatorio no solo se basa en evitar alimentos procesados, alimentos con azúcares o productos alimenticios, sino también en añadir elementos nutricionales en el día a día. Tal es el caso de la relación ácidos grasos poliinsaturados Omega 3 y acné.

El Omega 3 es bien conocido por sus múltiples propiedades antiinflamatorias, pudiendo beneficiar enormemente a los pacientes con acné y otras afecciones cutáneas (2, 4, 5, 9, 12). Sus beneficios ya se empezaron a estudiar hace diversas décadas (11), dando pie a una gran cantidad de publicaciones que darían a conocer la influencia de este ácido graso en la cascada pro y antiinflamatoria de moléculas, tales como los eicosanoides, leucotrienos y las prostaglandinas.

Con esto en mente, se ha evidenciado que pacientes con acné presentan niveles más bajos de Omega 3, específicamente de ácido eicosapentaenoico (EPA), en comparación con grupos control (1). Si también se tiene en cuenta que, hoy en día, las dietas occidentalizadas bajas en ácidos grasos Omega 3 y altas en Omega 6 tienen gran relación con la prevalencia del acné, debido al aspecto pro-inflamatorio presentado, se pueden ir sacando algunas conclusiones (3).

El Omega 3 es conocido por producir una disminución de los niveles de IGF-1, lo que en cambio reduciría la expresión de sustancias pro-inflamatorias, tales como ciertas interleuquinas (3, 5). Además, estos ácidos grasos, en particular el EPA derivado del aceite de pescado, inhibirían la producción de algunos elementos, los cuales aumentan la secreción de sebo en las unidades pilosebáceas, reduciendo así la inflamación local (2, 4, 9).

Las propiedades antibacterianas del Omega 3 para el acné también se han estudiado, evidenciándose su potencial en reducir la respuesta inflamatoria mediante la modulación inmunitaria de la bacteria Propionibacterium acnes, quien perpetúa el desarrollo de la afección (1, 5, 6, 10).

Por las razones antes expuestas es que, hoy en día, se ven cada vez más dermatólogos recomendándole a sus pacientes la suplementación con ácidos grasos Omega 3 para el acné, no solo como parte de su tratamiento sino también como factor de prevención.

  1. Aslan, İ., Özcan, F., Karaarslan, T., Kıraç, E., & Aslan, M. (2017). Decreased eicosapentaenoic acid levels in acne vulgaris reveals the presence of a proinflammatory state. Prostaglandins & Other Lipid Mediators, 128-129, 1-7. https://doi.org/10.1016/j.prostaglandins.2016.12.001
  2. Baldwin, H., & Tan, J. (2021). Effects of Diet on Acne and Its Response to Treatment. American Journal of Clinical Dermatology, 22(1), 55-65. https://doi.org/10.1007/s40257-020-00542-y
  3. Balić, A., Vlašić, D., Žužul, K., Marinović, B., & Bukvić Mokos, Z. (2020). Omega-3 Versus Omega-6 Polyunsaturated Fatty Acids in the Prevention and Treatment of Inflammatory Skin Diseases. International Journal of Molecular Sciences, 21(3), 741. https://doi.org/10.3390/ijms21030741
  4. Burris, J., Rietkerk, W., & Woolf, K. (2013). Acne: The Role of Medical Nutrition Therapy. Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics, 113(3), 416-430. https://doi.org/10.1016/j.jand.2012.11.016
  5. Conforti, C., Agozzino, M., Emendato, G., Fai, A., Fichera, F., Marangi, G. F., Neagu, N., Pellacani, G., Persichetti, P., Segreto, F., Zalaudek, I., & Dianzani, C. (2021). Acne and diet: A review. International Journal of Dermatology, ijd.15862. https://doi.org/10.1111/ijd.15862
  6. Desbois, A., & Lawlor, K. (2013). Antibacterial Activity of Long-Chain Polyunsaturated Fatty Acids against Propionibacterium acnes and Staphylococcus aureus. Marine Drugs, 11(11), 4544-4557. https://doi.org/10.3390/md11114544
  7. Gollnick, H. P. M., Finlay, A. Y., & Shear, N. (2008). Can We Define Acne as a Chronic Disease?: If So, How and When? American Journal of Clinical Dermatology, 9(5), 279-284. https://doi.org/10.2165/00128071-200809050-00001
  8. Knutsen-Larson, S., Dawson, A. L., Dunnick, C. A., & Dellavalle, R. P. (2012). Acne Vulgaris: Pathogenesis, Treatment, and Needs Assessment. Dermatologic Clinics, 30(1), 99-106. https://doi.org/10.1016/j.det.2011.09.001
  9. Kucharska, A., Szmurło, A., & Sińska, B. (2016). Significance of diet in treated and untreated acne vulgaris. Advances in Dermatology and Allergology, 2, 81-86. https://doi.org/10.5114/ada.2016.59146
  10. McCusker, M. M., & Grant-Kels, J. M. (2010). Healing fats of the skin: The structural and immunologic roles of the omega-6 and omega-3 fatty acids. Clinics in Dermatology, 28(4), 440-451. https://doi.org/10.1016/j.clindermatol.2010.03.020
  11. Schaffer, H. K. E. (1989). Essential Fatty Acids and Eicosanoids in Cutaneous Inflammation. International Journal of Dermatology, 28(5), 281-290. https://doi.org/10.1111/j.1365-4362.1989.tb01346.x
  12. Thomsen, B. J., Chow, E. Y., & Sapijaszko, M. J. (2020). The Potential Uses of Omega-3 Fatty Acids in Dermatology: A Review. Journal of Cutaneous Medicine and Surgery, 24(5), 481-494. https://doi.org/10.1177/1203475420929925

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