Desequilibrio omega 3 y 6. Inflamación Crónica

El desequilibrio entre los Omega 3 y 6 y la inflamación crónica

La bibliografía muestra cómo las grasas son necesariamente importantes para el correcto funcionamiento del organismo humano.

Estos macronutrientes poseen desde funciones energéticas hasta estructurales, siendo también capaces de transportar otros elementos útiles en los procesos metabólicos del ser humano, entre otras funciones.

Todo esto fue explicado con anterioridad en el artículo: “La estigmatización de las grasas y su verdadera importancia en la nutrición del ser humano”.

Teniendo esto en cuenta, la clara importancia de las grasas se refleja en el equilibrio que debe existir entre los ácidos grasos poliinsaturados Omega 3 y 6, y su influencia positiva en un proceso tan delicado como es la inflamación crónica.

Entendiendo el fenómeno de la inflamación.

El cuerpo humano tiene la capacidad de responder y actuar cuando se enfrenta a ciertas situaciones de estrés como ataques infecciosos por parte de virus, bacterias o parásitos, aumento de toxicidad por la presencia de un agente externo, desbalance de ciertos elementos corporales, entre otras.

Pero, a veces, el organismo se excede en su comportamiento y en vez de solucionar la problemática, la perjudica aún más.

Habiendo dicho esto, el fenómeno de la inflamación se da en búsqueda de la eliminación de estos agentes nocivos para la salud.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, el proceso inflamatorio se perpetúa en el tiempo, llegando a producir muchas de las patologías crónicas que se conocen actualmente tales como la DM tipo 2, cardiopatías, enfermedades autoinmunes, algunos tipos de cáncer, entre otras.

La cultura medicinal actual va erróneamente dirigida a tratar solamente los signos y síntomas producidos por la inflamación: dolor, rubor, calor y tumor principalmente.

Sin embargo, el hecho que estos desaparezcan no quiere decir que la inflamación silente, la verdadera causante de todos los males, lo haga también.

La inflamación debe entenderse no tanto como un proceso agudo, pero como un proceso que tarda años en desarrollarse, perjudicando poco a poco todas las estructuras desde los niveles más básicos hasta los más complejos, terminando así, en el desarrollo de alguna de las patologías mencionadas anteriormente.

Si bien la conducta médica actual está dirigida a tratar el evidente proceso inflamatorio agudo por medio de medicamentos como los AINES, corticoesteroides, inhibidores de la COX-2, la aspirina, entre otros, expertos en la materia opinan que tanto este proceso como el silente deben entenderse y manejarse a través de una correcta nutrición que ayude a balancear la situación.

¿Qué son los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 y 6?

Hoy día, numerosos estudios se centran en la capacidad que tienen los ácidos grasos Omega-3 en restaurar el balance interno, combatiendo especialmente esa inflamación silente que tanto perjudica al cuerpo humano.

Los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3, como el nombre lo indica, son grasas que contienen varios dobles enlaces en su estructura.

Están ampliamente distribuidos en la naturaleza, siendo elementos esenciales del metabolismo lipídico y jugando un rol muy importante en la dieta y fisiología humana.

Los tres tipos de ácidos grasos Omega 3 que tienen un papel en el organismo humano incluyen al ácido α-linolénico (ALA), encontrado en aceites vegetales, al ácido eicosapentaenoico (EPA) y al ácido docosahexaenoico (DHA), encontrados en aceites de origen marino.

Por otra parte, en este proceso también entran en juego los ácidos grasos poliinsaturados Omega 6, elementos pertenecientes a la misma familia de los Omega-3, pero que tienen el último doble enlace en una posición diferente.

Estos incluyen al ácido linoleico (LA) y al ácido gamma-linolénico (GLA), entre otros que se mencionarán posteriormente.

Cuando se genera un desequilibrio entre estos dos ácidos grasos poliinsaturados, los procesos inflamatorios se perpetúan en el tiempo, volviéndose crónicos y produciendo una serie de enfermedades que van desgastando los órganos y sistemas del cuerpo humano.

Sin embargo, para entender mejor este proceso, es necesario explicar el papel que poseen los ácidos grasos Omega-3 y 6 en la generación y prevención de la inflamación.

Ácidos grasos poliinsaturados y el origen de los eicosanoides.

Dentro del proceso inflamatorio, los eicosanoides tienen un rol muy importante funcionando tanto como agentes pro-inflamatorios, como antiinflamatorios.

Estos elementos deben su origen a los ácidos grasos poliinsaturados Omega 3 y 6 obtenidos mediante la dieta o la suplementación..

A partir de los ácidos linoleico y gamma-linolénico, el Omega-6 da paso al ácido araquidónico (AA), de donde derivan las prostaglandinas de la serie 2, y los tromboxanos y leucotrienos de la serie 4 (LTB4), quienes son importantes agentes pro-inflamatorios.

También da paso al ácido dihomo-gamma linolénico (DGLA), de donde derivan las prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos de la serie 1, quienes ejercen potentes acciones antiinflamatorias.

Por otro lado, el Omega-3, dándole paso al EPA, forma las prostaglandinas de la serie 3, y los tromboxanos y leucotrienos de la serie 5, los cuales tienen propiedades antiinflamatorias y son los encargados de modular el comportamiento de los dos anteriores agentes y encontrar el balance perfecto entre ellos (1, 2, 3, 4).

El paso de los ácidos grasos poliinsaturados a eicosanoides se da a través de ciertas enzimas reguladores como son la delta-6-desaturasa (D6D) y la delta-5-desaturasa (D5D).

Esta última se activa en presencia de insulina y es la encargada de transformar al DGLA en AA, aumentando los niveles de eicosanoides pro-inflamatorios.

El EPA es capaz de inhibir esta enzima, aumentando los niveles de DGLA y de eicosanoides antiinflamatorios.

Por otro lado, la enzima D6D es la encargada de transformar al ácido linoleico en ácido gamma linolénico, precursor directo del DGLA.

Esta es inhibida por la presencia de ácidos grasos DHA y grasas trans, disminuyendo los niveles de DGLA y de eicosanoides antiinflamatorios.

Los fármacos actuales utilizados para combatir los procesos inflamatorios se basan en estas enzimas, sin embargo, el efecto de una correcta nutrición es superior y más beneficioso (2, 3, 4).

¿Por qué tanto desequilibrio entre los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 y 6?

El problema con estos ácidos grasos es que, actualmente, la inclusión del Omega-6 en las dietas Occidentales es considerada excesiva, mientras que la del Omega-3 es evidentemente insuficiente.

Esto produce un importante desequilibrio entre sus metabolitos, aumentando los niveles de eicosanoides pro-inflamatorios y disminuyendo los de carácter antiinflamatorio (5).

Este tipo de dietas, además de incluir abundantes cantidades de productos naturales como aceites de maíz, girasol, soja, sésamo, palma, entre otros, incluyen muchos productos industrializados como galletas y margarinas.

Una alimentación alta en estos productos es capaz de incrementar los niveles de ácidos grasos Omega-6, perjudicando la salud de quien los consume mediante la promoción de los procesos inflamatorios y desarrollo de enfermedades cardiovasculares, autoinmunes, oncológicas, entre otras.

El desequilibrio entre estos ácidos grasos llega a ser tan extremo en ciertas poblaciones Occidentales que puede haber un exceso de hasta 30 puntos en los niveles de Omega-6 en comparación con los de Omega-3, siendo el promedio de esta proporción de 15:1-16,7:1 (5).

Estas cifras se vuelven increíblemente alarmantes si se considera que la proporción entre estos ácidos grasos poliinsaturados indicada para prevenir los procesos inflamatorios en el organismo humano debe ser de 2:1.

En los próximos artículos se darán a conocer las bases científicas y nutricionales para conseguir el tan deseado equilibrio antiinflamatorio.

¿Quieres leer el siguiente post? Aquí te lo dejo.

  Entendiendo la ruta metabólica para retornar al equilibrio de los ácidos grasos Omega-3 y 6

Si quieres revisar el Índice Completo de esta guía aquí tienes el enlace.

Guía Completa Omega 3

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