▷ Efectos Antiinflamatorios y Propiedades de los Omega 3

El Omega 3 como antiinflamatorio y sus propiedades

Tan sólo 24 min de lectura para tener las cosas más claras

Es bien sabido que el ser humano actual necesita mantener una correcta alimentación para satisfacer todas sus necesidades energéticas diarias, proporcionando así todos los elementos necesarios para que los procesos metabólicos del organismo se den satisfactoriamente.

Muchos han sido los estudios que demuestran lo anterior expuesto, señalando los grandiosos beneficios proporcionados a todos los órganos y sistemas del cuerpo humano.

Si bien es importante incluir la mayor cantidad posible de macro y micronutrientes como vitaminas, minerales, antioxidantes y otros elementos varios, es indispensable no olvidar los beneficios que conlleva la inclusión de los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 en la nutrición regular del día a día.

En este completo post vamos a explicarte todo lo relacionado a estos ácidos grasos y su importancia en combatir los diferentes procesos inflamatorios que ocurren cada día en nuestro organismo.

No te despegues y sigue leyendo. ¡Cada célula de tu cuerpo te lo va a agradecer!

Flecha ¿Qué es el Omega-3 y para qué sirve?

Los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3, como el nombre lo indica, son grasas que contienen varios dobles enlaces en su estructura.

Están ampliamente distribuidos en la naturaleza, siendo elementos esenciales del metabolismo lipídico y jugando un rol muy importante en la dieta y fisiología humana.

Los tres tipos de ácidos grasos Omega-3 que tienen un papel en el organismo humano incluyen al ácido α-linolénico (ALA), encontrado en aceites vegetales, al ácido eicosapentaenoico (EPA) y al ácido docosahexaenoico (DHA), encontrados en aceites de origen marino.

Por otra parte, en este tema también es necesario explicar qué son los ácidos grasos poliinsaturados Omega-6. Pertenecen a la misma familia de los Omega-3, pero tienen el último doble enlace en una posición diferente.

Estos incluyen al ácido linoleico (LA) y al ácido gamma-linolénico (GLA), entre otros que se mencionan posteriormente.

Estos ácidos grasos, en mayor proporción los pertenecientes a los Omega-3, son una parte indispensable en la lucha contra los procesos inflamatorios que tanto degeneran al ser humano, especialmente aquellos procesos que, de manera silente, se mantienen sin mostrar sintomatología alguna, pero provocando un daño enorme.

Si bien es verdad que estos ácidos grasos ayudan a regular la inflamación crónica, sus beneficios no se quedan hasta ahí.

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En cambio, estos elementos grasos son capaces de proporcionar asombrosos beneficios para la salud de diversos órganos y sistemas, regulando y promoviendo sus correctas funciones para que todos trabajen de la mejor manera posible.

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Flecha Estigmatización de las grasas y su verdadera importancia

Seguramente te estarás preguntando, ¿las grasas no son dañinas? ¿Por qué debería consumir ácidos grasos si no quiero engordar? Esto es más común de lo que tú crees, así que no debes sentirte mal si tienes estas dudas.Para poder responder tus preguntas, hay que tener claros algunos conceptos nutricionales.

Hoy en día, el ser humano, o al menos una parte de la población mundial, ha aumentado su interés en lo que come, pensando a cada momento en cómo una específica comida pueda afectar su cuerpo.

Debido a esto, cada día aparecen nuevos gurús de la nutrición o entrenadores personales certificados o no, que creen tener la solución en sus manos al presentar una nueva dieta como el elemento que otorgará los mejores resultados en el más corto período de tiempo posible.

Sólo algunas de estas dietas en realidad sirven o al menos están fundamentadas en estudios clínicos y bibliografía científica validada.

> Dieta vs. Régimen alimenticio

Para entender mejor este tema, primero se debe explicar el concepto de dieta porque muchas personas aún tienen la falsa idea de que esta representa únicamente la restricción de la ingesta de comidas y bebidas para así disminuir la cantidad de nutrientes y energía obtenidos con el objetivo de llegar a un peso corporal específico.

Clínicamente, una dieta es la cantidad de alimento, ya sea sólido o líquido, que se le administra al organismo en un período de 24 horas, no importando si esta cantidad cubre o no las necesidades nutricionales.

Entonces, según el concepto anterior, una dieta es lo que alimenta al ser humano.

En cambio, si se quisiera hablar de la alimentación necesaria para algún tipo de paciente con cierta enfermedad o para alguna persona que quisiera aumentar masa muscular o perder peso corporal, se debería hablar de un régimen alimenticio.

En definitiva, no importa si se está buscando alcanzar una meta nutricional o simplemente se quiera vivir bien, todas las personas deberían tener una nutrición adecuada a sus requerimientos diarios para alcanzar el estado de salud más óptimo posible.

Esto es válido tanto para las personas más gorditas como para las más flaquitas.

> Las grasas: elementos rechazados, pero esenciales

Habiendo aclarado algunos conceptos, es importante destacar que una nutrición adecuada necesita obligatoriamente incluir ciertos nutrientes para el correcto funcionamiento del organismo humano.

Estos nutrientes se pueden dividir en micronutrientes, los cuales incluyen a las vitaminas, minerales, antioxidantes, entre otros elementos, y en macronutrientes, representados por los carbohidratos, las proteínas y, un grupo de elementos que produce cierto rechazo en muchas personas, las grasas.

Así como los otros macronutrientes, las grasas, también conocidas como lípidos, son elementos esenciales para cumplir ciertas funciones dentro y fuera del ser humano.

Entre las funciones que estas cumplen, se incluyen:

  • Fuente de energía, siendo el origen de esta luego de haberse consumido las reservas de carbohidratos en el organismo.
  • Base estructural de las membranas celulares, formando la bicapa fosfolipídica, importante y esencial para las células.
  • Elementos precursores de algunas hormonas esteroideas, ácidos biliares y vitaminas.
  • Fungen de transporte para ciertas vitaminas liposolubles y otros elementos importantes.
  • En la industria alimentaria son utilizadas para enriquecer el sabor de ciertas comidas.

Es importante decir que sin la presencia de las grasas, tanto las buenas como las malas, el ser humano no podría ser capaz de vivir, ya que funciones compatibles con la vida no se estarían realizando.

Hoy en día aún existen muchísimas personas que creen que todas las grasas son dañinas, dejando volar la imaginación de las personas, creando mitos innecesarios.

Obviamente, todo este pensamiento es erróneo.

> Eliminando mitos: grasas beneficiosas y grasas dañinas

No todas las grasas son dañinas, como muchos piensan, también existen ciertas que son extremadamente buenas, principalmente por las beneficiosas y esenciales funciones que cumplen en el cuerpo humano.

Estas grasas de alta calidad son representadas en mayor parte por las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, encontrándose predominantemente en aceites, vegetales y pescados.

Bioquímicamente, estas grasas poseen uno o más dobles enlaces en su estructura, los cuales las hacen más sensibles a la temperatura ambiente.

Se consideran beneficiosas por realizar múltiples acciones como aumentar los niveles de colesterol “bueno” HDL, mejorar la funcionalidad cardiovascular, mejorar los procesos inflamatorios, entre otros.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que, como existen grasas buenas, es verdad que también existen grasas dañinas representadas en este caso por las grasas saturadas, las cuales bioquímicamente no poseen dobles enlaces en su estructura, haciéndolas menos sensibles a la temperatura ambiente.

Estas usualmente se encuentran en productos de origen animal y, si bien las grasas saturadas son necesarias en ciertos procesos metabólicos, su consumo debe ser moderado.

Otro tipo de grasas dañinas son las tan conocidas grasas trans.

Estas tienen un origen industrial debido a que se producen por la transformación y los procesos de hidrogenación y refinación a los cuales son sometidas ciertas grasas.

Este tipo se puede encontrar especialmente en los aceites hidrogenados y alimentos procesados, y deben excluirse de cualquier dieta.

Estos dos últimos tipos de grasas han sido relacionados con el incremento de los niveles de colesterol “malo” LDL, aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas, promoción de los procesos inflamatorios, entre otras acciones dañinas.

Habiendo dicho lo anterior, es necesario recordar la importancia que tiene el desmitificar la idea de que todas las grasas producen efectos dañinos en el organismo humano.

Las grasas son necesarias y fundamentales para el desarrollo humano, siempre y cuando:

  • Se entienda cuáles son las grasas qué se deben consumir y cuáles no, encontrando el equilibrio adecuado.
  • Se elijan productos de primera calidad con el mejor contenido graso posible.
  • Se tenga el conocimiento de los requerimientos diarios de los diversos elementos grasos para cumplir todos los fines metabólicos del cuerpo humano.
  • Y último, pero no menos importante, se sepa por qué razones en específico se deben consumir grasas hoy en día.

Flecha El Omega-3 y la inflamación

Teniendo en cuenta lo anterior, queda más que claro que las grasas son necesariamente importantes para el correcto funcionamiento del organismo humano, estando presentes en muchos procesos orgánicos.

Si bien estos elementos son necesarios, nada hacen si sus proporciones no son las adecuadas.

Un ejemplo de esto lo demuestra el equilibrio que debe existir entre los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 y 6, y su influencia positiva en un proceso tan delicado como es la inflamación crónica.

Veamos de qué se trata todo esto…

Flecha Entendiendo el fenómeno de la inflamación

El cuerpo humano tiene la capacidad de responder y actuar cuando se enfrenta a ciertas situaciones de estrés como ataques infecciosos por parte de virus, bacterias o parásitos, aumento de toxicidad por la presencia de un agente externo, desbalance de ciertos elementos corporales, entre otras.

Sin embargo, a veces, el organismo se excede en su comportamiento y en vez de solucionar la problemática, la perjudica aún más.

Habiendo dicho esto, el fenómeno de la inflamación se da en búsqueda de la eliminación de estos agentes nocivos para la salud.

Pero, en la mayoría de los casos, el proceso inflamatorio se perpetúa en el tiempo, llegando a producir muchas de las patologías crónicas que se conocen actualmente tales como la DM tipo 2, cardiopatías, enfermedades autoinmunes, algunos tipos de cáncer, entre otras.

La cultura medicinal actual va erróneamente dirigida a tratar solamente los signos y síntomas producidos por la inflamación: dolor, rubor, calor y tumor principalmente.

El hecho que estos desaparezcan no quiere decir que la inflamación silente, la verdadera causante de todos los males, lo haga también.

La inflamación debe entenderse no tanto como un proceso agudo, pero como un proceso que tarda años en desarrollarse, perjudicando poco a poco todas las estructuras desde los niveles más básicos hasta los más complejos, terminando así, en el desarrollo de alguna de las patologías mencionadas anteriormente.

Si bien la conducta médica actual está dirigida a tratar el evidente proceso inflamatorio agudo por medio de medicamentos como los AINES, corticoesteroides, inhibidores de la COX-2, la aspirina, entre otros, expertos en la materia opinan que tanto este proceso como el silente deben entenderse y manejarse a través de una correcta nutrición que ayude a balancear la situación.

> Eicosanoides y la grasa dietética

Dentro del proceso inflamatorio, los eicosanoides tienen un rol muy importante funcionando tanto como agentes pro-inflamatorios, como antiinflamatorios.

Estos elementos deben su origen a los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 y 6 obtenidos mediante la dieta o suplementación regular.

A partir de los ácidos linoleico y gamma-linolénico, el Omega-6 da paso al ácido araquidónico (AA), de donde derivan las prostaglandinas de la serie 2, y los tromboxanos y leucotrienos de la serie 4 (LTB4), quienes son importantes agentes pro-inflamatorios.

También da paso al ácido dihomo-gamma linolénico (DGLA), de donde derivan las prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos de la serie 1, quienes ejercen potentes acciones antiinflamatorias.

Por otro lado, el Omega-3, dándole paso al EPA, forma las prostaglandinas de la serie 3, y los tromboxanos y leucotrienos de la serie 5, los cuales tienen propiedades antiinflamatorias y son los encargados de modular el comportamiento de los dos anteriores agentes y encontrar el balance perfecto entre ellos (1, 2, 3, 4).

El paso de los ácidos grasos poliinsaturados a eicosanoides se da a través de ciertas enzimas reguladores como son la delta-6-desaturasa (D6D) y la delta-5-desaturasa (D5D).

Esta última se activa en presencia de insulina y es la encargada de transformar al DGLA en AA, aumentando los niveles de eicosanoides pro-inflamatorios.

El EPA es capaz de inhibir esta enzima, aumentando los niveles de DGLA y de eicosanoides antiinflamatorios.

Por otro lado, la enzima D6D es la encargada de transformar al ácido linoleico en ácido gamma linolénico, precursor directo del DGLA.

Esta es inhibida por la presencia de ácidos grasos DHA y grasas trans, disminuyendo los niveles de DGLA y de eicosanoides antiinflamatorios.

Las drogas actuales utilizadas para combatir los procesos inflamatorios se basan en estas enzimas, sin embargo, el efecto de una correcta nutrición es superior y más beneficioso (2, 3, 4).

> Desequilibrio entre los Omega-3 y 6: inflamación crónica

Como bien se mencionó anteriormente, cuando se genera un desequilibrio entre estos dos ácidos grasos poliinsaturados, los procesos inflamatorios se perpetúan en el tiempo, volviéndose crónicos y produciendo una serie de enfermedades que van desgastando los órganos y sistemas del cuerpo humano.

Pero, ¿por qué tanto desequilibrio entre los Omega-3 y 6?

El problema con estos ácidos grasos es que, actualmente, la inclusión del Omega-6 en las dietas Occidentales es considerada excesiva, mientras que la del Omega-3 es evidentemente insuficiente.

Esto produce un importante desequilibrio entre sus metabolitos, aumentando los niveles de eicosanoides pro-inflamatorios y disminuyendo los de carácter antiinflamatorio (5).

Este tipo de dietas, además de incluir abundantes cantidades de productos naturales como aceites de maíz, girasol, soja, sésamo, palma, entre otros, incluyen muchos productos industrializados como galletas y margarinas.

Una alimentación alta en estos productos es capaz de incrementar los niveles de ácidos grasos Omega-6, perjudicando la salud de quien los consume mediante la promoción de los procesos inflamatorios y desarrollo de enfermedades cardiovasculares, autoinmunes, oncológicas, entre otras.

El desequilibrio entre estos ácidos grasos llega a ser tan extremo en ciertas poblaciones Occidentales que puede haber un exceso de hasta 30 puntos en los niveles de Omega-6 en comparación con los de Omega-3, siendo el promedio de esta proporción de 15:1-16,7:1 (5).

Estas cifras se vuelven increíblemente alarmantes si se considera que la proporción entre estos ácidos grasos poliinsaturados indicada para prevenir los procesos inflamatorios en el organismo humano debe ser de 2:1.

> Recorriendo la ruta al equilibrio de los ácidos grasos Omega-3 y 6

No hay que considerar estos elementos como uno más que el otro, o uno perjudicial y el otro beneficioso, sino como dos elementos que necesitan estar en un perfecto equilibrio para que al mismo tiempo que se incrementen sus propiedades antiinflamatorias y se reduzcan las pro-inflamatorias, también puedan seguir realizándose otras funciones donde estos elementos grasos participan como la coagulación sanguínea o la defensa inmune sin problema alguno.

Hay que tener en cuenta diversos factores para lograr conseguir el equilibrio necesario entre los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 y 6.

El primer punto a considerar es el de los metabolitos que dan origen a los eicosanoides, funcionando tanto como agentes pro-inflamatorios, como antiinflamatorios.

En el caso del ácido dihomo-gamma linolénico (DGLA), proveniente del Omega-6, y el ácido eicosapentaenoico (EPA), proveniente del Omega-3, estos tienen acciones beneficiosas para el organismo, produciendo prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos con propiedades antiinflamatorias.

Por otra parte, el ácido araquidónico (AA), metabolito del Omega-6, tiene acciones negativas para el cuerpo humano, generando prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos con propiedades pro-inflamatorias.

Hasta aquí, el hecho de conseguir un equilibrio entre estos parece fácil: simplemente aumentando los niveles de DGLA y EPA, mientras se reducen los del AA.

Pero esto no es tan sencillo ya que entran otros elementos en el proceso.

El otro punto a tener en cuenta es el de las enzimas reguladoras de este proceso de conversión de metabolitos a eicosanoides.

Básicamente, las enzimas delta-6-desaturasa (D6D) y delta-5-desaturasa (D5D) son las que permiten el paso de un elemento a otro.

Conseguir el balance entre los Omega-3 y 6 depende muchísimo de estas enzimas ya que la aparición del DGLA se da a través de la D6D, mientras que la D5D da paso al AA.

Hasta aquí, la inclusión de estas enzimas en el proceso suena sencilla.

El problema radica en que estas pueden ser inhibidas y activadas por ciertos elementos nutricionales como el ácido docosahexaenoico (DHA), quien inhibe a la D6D, y el EPA y la insulina, quienes inhiben y activan respectivamente a la D5D (2, 3, 4).

> Preguntas y respuestas necesarias para poder lograr el equilibrio funcional entre los ácidos grasos Omega-3 y 6

Habiendo señalado lo anterior, lograr el balance necesario entre los ácidos grasos Omega-3 y 6 no se basa solo en aumentar la ingesta de uno y disminuir la del otro, sino que se basa en consumir lo justo y necesario.

Esto se puede explicar elaborando y respondiendo dos simples preguntas.

El conocimiento nutricional de la población en general considera los ácidos grasos Omega-6 como negativos para la salud, sin embargo, la bibliografía médica indica que también son necesarios por sus propiedades beneficiosas.

Entonces, la primera pregunta es:

> ¿Los niveles del Omega-6 deberían ser bajos o altos?

Si estos niveles aumentaran, habría más concentración de DGLA para generar eicosanoides antiinflamatorios, pero también habría más para transformarse en AA.

En cambio, si sus niveles disminuyeran, se generarían menos eicosanoides antiinflamatorios, pero habría menos cantidad para ser transformada en AA.

Por otra parte, es bien sabido que los ácidos grasos Omega-3 son beneficiosos para una gran cantidad de procesos orgánicos, llevando al público en general a pensar que en este caso, más es mejor.

Esto no es del todo cierto.

Entonces, la segunda pregunta es:

> ¿Los niveles del Omega-3 deberían ser bajos o altos?

Si estos niveles aumentaran, habría más concentración de EPA para producir eicosanoides antiinflamatorios e inhibir a la enzima D5D, pero también habría más cantidad de DHA para inhibir a la D6D, generando menos DGLA.

En cambio, si sus niveles disminuyeran, habría menos EPA, produciendo menos efectos antiinflamatorios y dando paso a mayores niveles del nocivo AA debido a la no inhibición de la D5D, aunque también habría menos DHA para inhibir a la D6D, generando más DGLA.

Ahora que todo el panorama se ha planteado, está claro que el único modo para que se establezca un equilibrio entre estos ácidos grasos Omega será el de mantener una alimentación correcta acompañada de la adecuada suplementación, para así mantener los niveles indicados de todos los metabolitos y eicosanoides relacionados con este proceso.

Flecha El bienestar más allá de sentirse bien

Es necesario abrir un pequeño paréntesis aquí para explicar el enfoque que todo ser humano debería tener con respecto a su salud y el bienestar en general.

La cultura médica actual está enfocada en curar los síntomas, más no las causas de las dolencias.

Debido a esto, gran parte de la población mundial tiene un concepto errado de lo que es el bienestar, manteniendo silente un proceso inflamatorio que con el tiempo se torna más degenerativo para el organismo humano.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades (6).

La idea de bienestar va mucho más allá para algunos expertos.

Tomando en cuenta que para lograr un estado de salud donde el bienestar sea completo, los procesos inflamatorios silentes, los que usualmente no son objetivo de tratamiento en la medicina actual, deben ser eliminados en su totalidad para que los procesos metabólicos se den correctamente.

Si estos procesos inflamatorios silentes no son tratados de la manera correcta, los individuos se mantendrán en un estado de enfermedad subcrónica, la cual, con el pasar de los años, se convertirá en un estado crónico prácticamente irreversible.

Entonces, el objetivo de la medicina actual debería ser la de atacar esos procesos para conseguir el bienestar total.

Esto puede lograrse mediante el equilibrio entre los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 y 6 (2).

> Parámetros a seguir para evaluar el bienestar y el equilibrio entre los ácidos grasos Omega-3 y 6

Según expertos, el mejor marcador para evaluar el equilibrio entre los ácidos grasos Omega-3 y 6 es la proporción AA/EPA, siendo esta la relación entre el ácido araquidónico, metabolito del Omega-6, y el ácido eicosapentaenoico, metabolito del Omega-3.

Este marcador sanguíneo proporciona la información de lo que pasa en cada célula del organismo a nivel de estos ácidos grasos y es un parámetro de referencia usado para reducir los procesos inflamatorios silentes (2).

Ratio AA/EPA

Según la bibliografía, la proporción AA/EPA ideal para lograr el bienestar metabólico es aproximadamente de 1.5.

Esta cifra se toma en cuenta gracias a la presencia de ciertas poblaciones japonesas, las cuales, poniendo en práctica una dieta rica en aceites de pescado y vegetales, poseen beneficiosos niveles de ácidos grasos Omega-3 y 6, haciendo de ellas unas de las poblaciones más longevas y sanas a nivel mundial (7, 8, 9, 10).

Para tener una idea de lo mal aplicada que es la dieta en las culturas Occidentales actuales, el promedio de la relación AA/EPA en los Americanos es de aproximadamente 12 y si se evalúa este mismo parámetro en pacientes con patologías crónicas como la Diabetes mellitus tipo 2, enfermedades cardiovasculares, obesidad, etc., todas relacionadas a estados de inflamación crónica, este sube a un promedio de 20 (2).

Si bien la relación AA/EPA es el “gold standard” en lo que respecta a la evaluación del bienestar en el ser humano, también hay otros marcadores a considerar.

Insulina en Ayunas

Uno de estos es la insulina en ayuna, elemento importante para la evaluación de la resistencia a la insulina, especialmente en pacientes con DM tipo 2, síndrome metabólico, obesidad, entre otras.

Valores de insulina en ayuna superiores a 10 uU/ml están relacionados con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares (11, 12).

Lo ideal sería un valor por debajo de 5 uU/ml (2).

TG/HDL

Otro marcador a considerar es la relación TG/HDL, es decir, la relación que existe entre los niveles de triglicéridos y colesterol “bueno” HDL.

Este es considerado un valioso valor predictivo para el síndrome metabólico y la DM tipo 2.

Esta relación también indica el tamaño aproximado de las partículas de colesterol “malo” LDL, señalando que un valor bajo indica partículas grande y no aterogénicas, mientras que un valor alto indica partículas LDL más pequeñas, densas y pro-aterogénicas (13, 14, 15, 16).

La relación ideal tendría un valor por debajo de 1 (2).

Valores superiores a los indicados señalarían la existencia de procesos inflamatorios silentes, más no necesariamente la presencia de una enfermedad crónica establecida.

Por lo cual, si estos marcadores no son llevados a sus valores ideales, las probabilidades del paciente de desarrollar una patología crónica aumentarían considerablemente con el pasar de cada día (2).

Flecha Equilibrio entre los Omega-3 y 6: bienestar total

Antes de empezar a dar las principales pautas para restablecer el equilibrio y conseguir el bienestar mediante los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 y 6, es necesario dejar claro ciertos puntos que conciernen al ser humano actual.

Cada individuo es diferente al otro, teniendo rasgos genéticos únicos, estilos de vida y hábitos psicosociales diversos, afecciones, tanto agudas como crónicas, que aun teniendo una sintomatología similar, se encuentran en distintas fases degenerativas, entre otras cosas que hacen al ser humano, un organismo único.

Dicho esto, es evidente que la cantidad de ácidos grasos Omega-3 y 6 ingeridos mediante la dieta y suplementación diaria varía de persona en persona.

Por esta razón, los casos que necesiten la evaluación de su estado de bienestar a través de los marcadores señalados anteriormente y otros signos clínicos, deberán ser individualizados, tomando en cuenta todos estos elementos para la realización de un plan de trabajo que le devuelva el equilibrio a quien lo desee.

Teniendo en cuenta lo anterior, los expertos están de acuerdo en seguir las siguientes pautas:

  • Es importante mantener una dieta balanceada que proporcione todos los macro y micronutrientes necesarios para hacer que los procesos orgánicos se realicen al 100%. Esta debería incluir una gran variedad de frutas y vegetales, proporcionando grandes concentraciones de vitaminas, minerales y antioxidantes. Las proteínas deberían tener preferiblemente un origen marino o vegetal, sin dejar a un lado las carnes magras. Los carbohidratos deberían ser lo menos refinados posible, prefiriendo siempre las opciones que brinda la naturaleza. Siguiendo estas recomendaciones, las tan importantes grasas (ácidos grasos Omega-3 y 6 incluidos) estarían siendo proporcionadas principalmente por los vegetales, pescados, nueces y legumbres.
  • Para lograr alcanzar una relación AA/EPA de aproximadamente 1,5, el cual es el encontrado en ciertas poblaciones japonesas con altos niveles de bienestar, se deberían aumentar las concentraciones de ácidos grasos EPA y DHA a unos 2,5 g al día en pacientes con condiciones clínicas normales. Esta cantidad aumenta si se poseen enfermedades crónicas como obesidad, DM tipo 2, cardiopatías (5 g al día), dolor crónico (7,5 g al día) y condiciones neurológicas (10 g al día) (2, 7, 8, 9, 10).
  • Con respecto a las concentraciones de ácidos grasos Omega-6, estas deberían ser menores a las del Omega-3, sin embargo, no deberían eliminarse por completo. Se piensa que si se siguieran las recomendaciones dietéticas anteriormente expuestas, los niveles de Omega-6 se lograrían balancear perfectamente gracias a la ingesta de aceites vegetales y productos marinos principalmente. Estas cantidades deberían ser suficientes para lograr el balance en la ruta metabólica de estos ácidos grasos.
  • Es importante mencionar que incluso teniendo la mejor dieta, no siempre se llegan a satisfacer los niveles necesarios de estos ácidos grasos. Por esta razón, muchos recomiendan incluir la suplementación a la nutrición diaria de quien busca encontrar el equilibrio y lograr el bienestar tan deseado.

Flecha Un comentario final acerca de los ácidos grasos Omega-3 y 6

Con toda la información proporcionada, no se podría estar más de acuerdo en que el ser humano actual necesita incluir regularmente en su nutrición ciertas cantidades de Omega-3 y 6 al día, ya sea a través de la alimentación o de suplementación.

En numerosas ocasiones se han demostrado los excelentes beneficios de poseer un balance entre estos ácidos grasos poliinsaturados, proporcionando los requerimientos necesarios para que el organismo humano funcione de la mejor manera posible.

Si se siguen las pautas recomendadas, el bienestar no solo se verá a un nivel general, sino también en cada célula del organismo, manteniendo la homeostasis necesaria para prevenir y tratar cualquier patología que afecte cualquiera de los sistemas del cuerpo humano.

Es importante también recomendar seguir las pautas dictadas por el personal médico profesional, instituciones especializadas en la materia y bibliografía correspondiente para así evitar complicaciones innecesarias producidas por el erróneo consumo de estos ácidos grasos y así aprovechar todos los grandiosos beneficios que estos son capaces de aportar a la salud en general.

¿Te gustó el post? ¿te sirvió para aclarar conceptos? Quisimos explicar de una manera más completa el por qué los Omega 3 son tan determinantes para nuestra salud y el por qué del “sirven para todo”. Es el suplemento clave para abordar cualquier enfermedad. El suplemento base. Y el motivo no es otro que, detrás de cualquier enfermedad, se esconde esa inflamación silente que al cronificarse en el tiempo desemboca en múltiples enfermedades.

Si no lo has hecho ya, hoy es el momento de ponerte en marcha.

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