▷ Obesidad: Qué es, Causas, Síntomas y Tratamiento Natural
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Todo sobre la Obesidad: Qué es, grados, causas, síntomas y cómo tratarla de manera natural

Tan sólo 18 min de lectura para tener las cosas más claras

Cada vez hay más obesidad en nuestra población, y la mayoría se preocupa por bajar de peso para verse mejor. Pero, ¿qué complicaciones puede causar la obesidad? ¿Es una enfermedad? ¿Cuáles son sus signos de alarma?

Para bien o para mal, la obesidad se ha convertido en uno de los primeros motivos de consulta entre cosmetólogos y cirujanos plásticos.

Y es que, en general, se percibe a esta como un defecto estético. Aunque se sabe qué causa otros problemas de salud, lo primero que viene a la mente es bajar de peso para verse mejor.

Sea o no sea ese tu caso, conviene conocer más a fondo esta condición, no solo como problema de imagen sino como una condición de salud con múltiples riesgos asociados.

Después de leer este artículo tendrás una imagen mucho más amplia de lo que es la obesidad y de lo que conlleva para quien la padece.

¿Podríamos considerar a la obesidad como una enfermedad? ¿Existe algún signo o síntoma de alarma para detectar sus complicaciones?

Flecha Qué es la obesidad

Es un exceso de grasa corporal, generalmente calculado a través de medidas antropométricas (altura, circunferencia abdominal, medida de pliegues, entre otras)

Sin embargo, al igual que muchos otros problemas médicos, la obesidad puede medirse y diagnosticarse de diferentes maneras, y hay ciertas excepciones, como en el caso de fisicoculturistas, que aumentan su peso exageradamente por su aumento de masa muscular.

Existen varios grados de obesidad, y otra categoría llamada sobrepeso.

Muchas veces lo utilizamos como sinónimo, pero el sobrepeso es una categoría distinta a la obesidad de acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud (1).

Flecha Grados de obesidad

La podemos detectar después de calcular nuestro índice de masa corporal (IMC), que se mide al dividir el peso en kilogramos entre la altura en metros al cuadrado.

La clasificación es la siguiente

  • Sobrepeso: IMC de 25 a 29.9 kg/m2
  • Obesidad: IMC de 30 a 39.9 kg/m2
  • Obesidad mórbida: IMC mayor a 40 kg/m2

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Algunas condiciones aplican, y se necesitarían medidas especiales para detectarla en pacientes pediátricos y en aquellos que tienen una gran cantidad de masa muscular.

Por eso, y por las medidas en ocasiones imprecisas de pesos mal calibrados, es conveniente que el diagnóstico lo realice un médico o nutricionista.

Flecha ¿Cuándo se considera obesidad?

En adultos, se considera obesidad cuando, al utilizar la fórmula de índice de masa corporal, el resultado es igual o mayor a 30 kg/m2.

Esto aplica únicamente a individuos con un porcentaje de grasa corporal igual o mayor a 25%.

De otra manera, es posible que el peso extra no sea por acumulación de grasa sino retención de líquidos o porcentaje de grasa magra (masa muscular).

En el caso de los niños, no se utiliza el índice de masa corporal.

En vez de eso, se relaciona el peso con la altura en una tabla diferente para niños y niñas.

De acuerdo a los resultados, podremos saber si hay obesidad, independientemente de la edad, el sexo, la cantidad de músculo o líquido que tenga el organismo.

Estos números son fáciles de malinterpretar, y mucho más fáciles de calcular de forma incorrecta, por lo que te recomendamos para mayor confianza que los realice un profesional en el área.

Flecha Causas de esta condición

Ahora bien, existen muchas personas con obesidad, y la mayoría tienen algo en común: No entienden por qué siguen teniendo peso de más a pesar de que, a su parecer, comen en cantidades normales.

Las causas a veces escapan de la comprensión de algunos pacientes, y la primera explicación a la que acuden es la más sencilla: genética y hormonas.

Sin embargo, ¿son la genética y las hormonas las principales causantes de la obesidad a nivel mundial?

Lo cierto es que no.

Sólo un porcentaje muy bajo de pacientes padecen obesidad por problemas hormonales severos. El resto tiene otros factores de riesgo asociados.

Entre las causas más comunes de la obesidad tenemos:

> Alimentación poco equilibrada

No es necesaria una ingesta exagerada para alcanzar un estado de obesidad. En vez de eso, lo que más contribuye es la dieta poco balanceada.

Las personas con obesidad suelen incluir alimentos con mucha carga de carbohidratos o grasa y suelen olvidarse de los micronutrientes y la fibra dietética.

Deficiencias como la del yodo pueden causar hipotiroidismo y contribuir a la obesidad mientras que consumir poca fibra en la dieta termina elevando las cifras de glucemia de forma exagerada y contribuyendo a las reservas grasas.

> Vida sedentaria

En muchos casos, los individuos con obesidad tienen un trabajo donde no realizan actividad física importante, y de vuelta a casa tampoco se mueven demasiado.

En ocasiones pueden haber algunos esfuerzos por hacer actividad física, pero son por muy poco tiempo o no son sostenidos en el tiempo como para lograr verdaderos cambios.

> Estrés sostenido

Las situaciones estresantes liberan una hormona llamada cortisol. Lo mismo ocurre cuando tenemos un sueño intranquilo o insuficiente.

Se trata de una hormona de supervivencia que activa las alarmas corporales.

Entre lo que hace para “ayudarnos a sobrevivir” es almacenar energía de reserva en forma de grasa para situaciones de emergencia.

El estrés sostenido causa un aumento de cortisol continuo que aumenta nuestro porcentaje de grasa corporal de forma acelerada.

> Problemas hormonales

Lo ubicamos al final de la lista porque es la causa menos común.

Sin embargo, las hormonas sexuales, tiroideas, así como las suprarrenales, influyen en el trabajo de las células de grasa.

Una alteración en estas hormonas puede tener como resultado una obesidad mórbida. Generalmente son pacientes con obesidad extrema y casos muy específicos con varias enfermedades asociadas.

Flecha Síntomas de este estado

El principal síntoma es el que está a la simple vista. Se trata de un aumento de la masa corporal en base a un porcentaje de grasa elevado.

Sin embargo, más allá de lo obvio y de las tallas extra, las personas con obesidad pueden experimentar una serie de síntomas y signos extra:

> Apnea del sueño

Se trata de una alteración del sueño cuya principal manifestación son los ronquidos.

Sin embargo, más allá de roncar, los pacientes con apnea del sueño pasan períodos cortos sin respirar mientras están dormidos.

Estos períodos sin respirar vienen seguidos de un ronquido muy estruendoso y a veces despiertan al paciente, causando problemas de sueño y aumentando el riesgo de muerte súbita.

> Problemas articulares

Por el peso extra que soportan sus articulaciones y el continuo uso que les dan bajo circunstancias extremas, los pacientes con obesidad sufren continuamente de problemas con la articulación de la rodilla, la cadera, y muchas otras.

> Problemas menstruales

Las células de grasa tienen una función hormonal que pocos conocen, y que puede afectar directamente a la función de las hormonas sexuales.

Es por eso que muchas pacientes refieren problemas menstruales, los cuales pueden estar íntimamente relacionados a su problema de peso.

> Es un problema en aumento

La obesidad como trastorno alimenticio ha cobrado cada vez más importancia mientras se han descubierto diferentes problemas asociados a ella.

Al principio, la obesidad era tan solo una condición física que aumentaba el riesgo de algunas enfermedades. Con las investigaciones más recientes, ha ido más allá (2).

Diferentes estudios científicos a nivel molecular han demostrado que las personas con sobrepeso y obesidad tienen marcadores inflamatorios alterados.

En otras palabras, están constantemente inflamados a un nivel casi imperceptible.

Esta inflamación, llamada inflamación sistémica porque abarca todos los sistemas y órganos del cuerpo, es una de las más peligrosas.

Mantener estas citoquinas inflamatorias activas las 24 horas del día poco a poco comienza a cobrar factura en los tejidos, iniciando por los vasos sanguíneos.

Mientras se realizaban más investigaciones en el área, pudimos darnos cuenta de que la célula de grasa (adipocito) no solamente es un reservorio de energía.

Es una célula con una gran vacuola o burbuja llena de grasa, pero también cumple varias funciones (3).

El adipocito libera cientos de sustancias al espacio intersticial, y como el panículo adiposo tiene una gran cantidad de vasos sanguíneos, estas sustancias empiezan a circular casi de inmediato por la sangre.

Mientras más células de grasa, más liberamos este tipo de sustancias a la sangre, y llega un momento en el que la secreción exagerada se convierte en un problema.

Es por eso que, a vista de muchos médicos, ha pasado de ser una condición corporal a convertirse en una verdadera enfermedad inflamatoria y metabólica con un desequilibrio hormonal creciente mientras el problema se hace mayor.

Sin embargo, mientras la comunidad médica decide finalmente dar el visto bueno a incluir la obesidad entre el listado de enfermedades y mientras se crean nuevas especialidades para atenderla, quienes tienen kilos de más no tienen por qué esperar para hacer algo al respecto.

Desde ya, e independientemente de la denominación “enfermedad”, a esta, se le considera un factor de riesgo importante para enfermedades adicionales, llamadas también comorbilidades.

Y es que, igual como la comida que engorda se ofrece en promoción, la obesidad como trastorno alimenticio también viene en pack junto con otras enfermedades.

> También viene en pack junto con otras enfermedades

Hemos mencionado el importante rol del adipocito o célula de grasa en el control hormonal del organismo y en la producción de sustancias inflamatorias. (2, 4, 5)

Además, tiene un importante papel en la generación de energía, el equilibrio entre hambre y saciedad, y el metabolismo de los carbohidratos y de las grasas.

Es por eso que las alteraciones en el adipocito pueden causar una gran cantidad de efectos en cascada, no solo en el metabolismo energético sino a nivel cardiovascular y hormonal.

El exceso de grasa y la multiplicación de los adipocitos trae como resultado una gran variedad de cambios, cada uno con su enfermedad asociada.

Entre los más importantes tenemos:

  • Al aumentar la inflamación sistémica, se causa un daño continuo al revestimiento interno de los pequeños vasos sanguíneos. Este revestimiento, llamado endotelio, es importante para regular la presión arterial y la salud vascular. Por lo tanto, la obesidad propicia la hipertensión y el descontrol de radicales libres en los vasos sanguíneos.
  • Los radicales libres asociados a la inflamación sistémica provocan algo denominado estrés oxidativo. En otras palabras, se salen de control y comienzan a desestabilizar moléculas y lesionar tejidos en diferentes órganos. Esto condiciona a un daño hepático, renal, e incluso en glándulas como el páncreas, abriendo campo a la diabetes tipo 2.
  • Hay un constante recambio y liberación de ácidos grasos a la sangre, con lo que se propician los desequilibrios de lípidos. En consecuencia, tendremos aumentos del colesterol LDL, en los triglicéridos, e incluso enfermedades asociadas como hígado graso no alcohólico.
  • La unión entre desequilibrio de lípidos, estrés oxidativo e inflamación sistémica propician la formación de placas ateromatosas en las paredes de los vasos sanguíneos. Estas placas constan de partículas LDL oxidadas, una gran cantidad de colesterol, células inflamatorias llamadas macrófagos, y otras partículas que compactan la placa de grasa.
  • La ateroesclerosis es un factor de riesgo cardiovascular importante. Reduce el flujo sanguíneo y la presión de la sangre, tratando de vencer el obstáculo, puede terminar rompiendo la placa ateromatosa. Al romperse, comienza un complejo proceso que termina en la formación de un gran trombo. Esto puede ser la causa de infarto al miocardio y accidente cerebrovascular.
  • Además de las consecuencias a nivel molecular, hay otras a nivel estructural. La obesidad conlleva problemas articulares, sobre todo en la articulación de la cadera y la rodilla, y se asocia a osteopenia y osteoporosis, sobre todo si llevas una vida sedentaria.
  • Ciertas formas de cáncer son más comunes en pacientes con obesidad, entre ellos podríamos listar el cáncer de mamas, páncreas, hígado, próstata, vejiga y riñón.

Si bien es cierto que muchos pacientes con obesidad no tienen estas terribles consecuencias, las estadísticas muestran que la probabilidad es muy alta, y es por eso que constantemente se nos aconsejan dos pilares fundamentales para revertir el problema: la dieta y el ejercicio.

Flecha Cómo prevenirla

La prevención se ha convertido en una de las prioridades en varios países desarrollados y en algunos países en vías de desarrollo.

Por eso, hay políticas de prevención que se han comenzado a aplicar en la población con ciertos beneficios.

Sin embargo, ninguna política sería útil sin que los miembros de nuestra sociedad cambien sus perspectivas, su forma de ver la vida, la alimentación, y sus propios hábitos.

La prevención de la obesidad se logra mediante un estilo de vida saludable.

Esto incluye llevar una dieta equilibrada, hacer ejercicio físico, liberar estrés, y descansar lo suficiente.

Los dos principales pilares de la prevención son la dieta y el ejercicio.

Cuando hablamos de dieta para prevenir la obesidad (en individuos con peso normal), esta no tiene por qué ser restrictiva sino más bien una dieta de mantenimiento.

Para obtener una dieta de mantenimiento, será necesario calcular nuestra tasa de metabolismo basal y ajustarla a nuestra actividad física, dependiendo si es casi nula, moderada, o intensa.

Para ese propósito existen muchas calculadoras que hacen el trabajo más fácil. El número resultante es la cantidad de calorías a consumir en un día para mantener el mismo peso.

A partir de ese número podemos comenzar a incluir alimentos sin sobrepasar el límite de calorías.

Para ello será necesario llevar la cuenta de calorías y pesar los alimentos, algo que inicialmente puede parecer difícil, pero con el tiempo se hace parte normal de nuestra rutina saludable.

Flecha Tratamiento natural para la obesidad

El tratamiento de la obesidad tiene varias fases dentro de la medicina, y la última de ellas involucra incluso la cirugía bariátrica.

Sin embargo, antes de llegar incluso al tratamiento con fármacos podemos intentar varias formas de tratamiento natural, comenzando por la dieta y el ejercicio.

De igual forma, existen varios extractos naturales y plantas que pueden ser de gran ayuda para pacientes con obesidad. Entre ellos podríamos nombrar los siguientes:

  • Picolinato de cromo: Un aliado para combatir la resistencia a la insulina, tan común en pacientes con sobrepeso y obesidad.
  • Omega 3: Un ácido graso esencial, necesario para reducir tu riesgo cardiovascular por sus propiedades anti-inflamatorias.
  • Ácido Alfa-lipoico: Un potente antioxidante, especial para reducir el riesgo de ateroesclerosis.
  • Extracto de cardo mariano: Para quienes comienzan a tener problemas con su glucemia, y para quienes sufren de hígado graso.

Aunque estos nutrientes podemos buscarlos en la dieta, la proporción en la que se encuentran regularmente es insuficiente para provocar el efecto que buscamos. Es por eso que se recomienda la suplementación como parte del tratamiento para revertir los efectos de la obesidad y disminuir el riesgo cardiovascular.

> Tratamiento nutricional

Al igual que en las dietas de mantenimiento para la prevención de la obesidad, también existe un tratamiento nutricional para bajar de peso, e igualmente está basado en un cálculo de la tasa de metabolismo basal.

Obtendremos el mismo número tras realizar el cálculo, pero en este caso lo aplicaremos a otro objetivo: reducción de peso en vez de mantenimiento.

Para disminuir de peso debemos crear algo llamado balance energético negativo o balance calórico negativo.

Esto no es más que restar 200-500 calorías de la tasa de metabolismo basal y hacer los cálculos de nuestra dieta en base a ello.

Posteriormente, cuando tengas el número de calorías a consumir en el día, deberás dividir esas calorías en macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasa).

La proporción más común es un 40% de carbohidratos, un 30% de proteínas y un 30% de grasa, tomando en cuenta que el carbohidrato y la proteína aportan 4 calorías por gramo y la grasa 9 calorías por gramo.

El efecto esperado de este ajuste sería que, al estar consumiendo menos calorías de lo que necesitas para mantener el peso, tu organismo acudirá a tus reservas grasas para tomar la energía extra que necesita y bajarás de peso a partir de porcentaje de grasa corporal.

Sin embargo, no siempre los resultados son los esperados, y en algunos casos se hará necesario probar con un número de calorías y ajustar la dieta de acuerdo a los resultados.

Se espera que bajes unos 500 gramos de peso por semana, y si no lo logras puedes restar 200 calorías más a tu dieta de forma sucesiva hasta comenzar a ver resultados.

Tus ajustes dietéticos serán mucho más efectivos si los acompañas de ejercicio, ya que es una forma más rápida de lograr un balance energético negativo.

Al aumentar tu actividad física estarías aumentando el consumo de calorías mientras disminuye su ingesta, y esto resultará en una pérdida de peso más efectiva y duradera.

> Cuando la obesidad comienza a ser un problema

No podríamos disminuir la carga de enfermedad asociada a la obesidad diciendo que algunos tipos de obesidad son más peligrosos que otros.

Es cierto que hay varios tipos de grasa corporal, y entre ellas la grasa visceral es mucho más peligrosa que la grasa subcutánea. Pero no por eso pasaremos por alto a unos pacientes y a otros no.

Todos los que entran en la clasificación de obesidad están en riesgo, especialmente en la obesidad mórbida.

En esta categoría, independientemente de cualquier signo o nuevo hábito saludable, el riesgo cardiovascular es muy alto hasta que se reduzca el exceso de grasa.

Por otra parte, los pacientes con obesidad no mórbida, también llamada sobrepeso grado 2, están también en riesgo siempre y cuando mantengan una mala alimentación y una vida sedentaria.

Si tu índice de masa corporal está por debajo de los 40 kg/m2, al modificar tu estilo de vida, independientemente de si pierdes peso o no, disminuirá de forma radical tu riesgo cardiovascular (6).

Ahora bien, ¿cuándo se consideraría urgente hacer algo al respecto?

Existen personas obesas saludables porque su buena alimentación e intención para mejorar su riesgo cardiovascular los hacen más sanos.

Pero presta atención si comienzas a tener problemas como:

  • Colesterol LDL o triglicéridos altos
  • Colesterol HDL muy baja
  • Presión arterial elevada
  • Glicemia en ayuno o pruebas de tolerancia a la glucosa alteradas

Cuando existe una asociación entre la obesidad y uno o más de estos factores, significa que el problema se está haciendo mayor.

Flecha Trata la obesidad combatiendo el Síndrome Metabólico

Existe una entidad médica llamada síndrome metabólico que reúne la obesidad con los desórdenes de lípidos, la hipertensión y los problemas de azúcar en la sangre (resistencia a la insulina), y se asocia con un alto riesgo cardiovascular.

De forma que, si tu obesidad como trastorno alimenticio ya viene acompañada de alguno de estos factores adicionales, es momento de encender todas tus alarmas y señales de alerta.

Puede estar ocurriendo algo más dentro de tu organismo sin darte cuenta.

El síndrome metabólico es un segundo paso que tu organismo está dando hacia una diabetes mellitus.

A diferencia de la diabetes tipo 2, el infarto y el accidente cerebrovascular, el síndrome metabólico puede revertirse en sus etapas iniciales siempre y cuando sigas las indicaciones y no pierdas de vista tu norte.

Puede ser demasiado tarde si esperas a que la obesidad se convierta en un verdadero problema. Si hoy estás leyendo estas líneas es porque algo ha estimulado tu preocupación.

No permitas que esa preocupación pase de ser un pensamiento a convertirse en una realidad de la que no podrás escapar más tarde. Es el momento de hacer algo al respecto, revertir el síndrome metabólico y evitar sus consecuencias. Entérate de todo leyendo nuestra Guía para combatir el Síndrome Metabólico.

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