Antioxidantes Glaucoma y DMAE

Cómo combatir el Glaucoma y la DMAE con los antioxidantes

Diferentes estudios han demostrado que consumir suficientes antioxidantes a diario reducen el riesgo de sufrir Degeneración Macular Asociada a la Edad y Glaucoma. Te lo explicamos en este post.

Recientemente se ha dado especial atención al papel de los antioxidantes en la prevención de distintas enfermedades.

Los antioxidantes son tema de conversación e intenso debate, no solamente entre médicos y profesionales de la salud, sino también entre especialistas de marketing y vendedores.

Es por ello que, en la actualidad, mucha de la información relativa a la acción antioxidante en la salud y la belleza está influenciada por la moda y la creencia popular.

Pero, ¿cuál es la verdad sobre los antioxidantes y la salud visual?

Un reciente estudio que analizó la literatura científica relativa a antioxidantes y salud visual examinó el papel de este tipo de suplementos en la formación de cataratas, glaucoma, degeneración macular asociada a la edad (DMAE), retinopatía, infecciones oculares y otros problemas de la visión.

Después de analizar toda la evidencia científica, sus autores concluyeron que los suplementos con antioxidantes pueden mejorar la salud ocular solo en tres patologías: el glaucoma, la DMAE y la retinopatía del prematuro con bajo peso al nacer. (1)

Es por ello que hemos dedicado este artículo a explorar dos de los problemas oculares más comunes, el glaucoma y la DMAE, y cómo ambas condiciones pueden prevenirse con el uso de antioxidantes.

Glaucoma y antioxidantes

Según estudios poblacionales, el glaucoma es la segunda causa de ceguera más común después de las cataratas. (2)

Es una afección ocular que daña el nervio óptico y causa una reducción progresiva de la visión, generalmente causado por una presión intraocular elevada.

Existen dos subtipos de glaucoma, de ángulo abierto y de ángulo cerrado, dependiendo del estado en que se encuentre el ángulo entre el iris y la córnea.

En ésta zona se encuentra la malla trabecular, responsable del drenaje del humor acuoso.

Cuando este lugar de drenaje está cerrado aumenta la presión intraocular de forma violenta y causa mucho dolor, pero el glaucoma de ángulo abierto puede mantenerse sin ningún síntoma durante muchos años hasta que se empieza a ver afectado el nervio óptico e inicia la ceguera progresiva.

Aunque el glaucoma parece ser tan solo un problema de presión intraocular y no una anomalía molecular, los radicales libres tienen mucho que ver con la degeneración del nervio óptico.

Hay evidencia de que las especies reactivas de oxígeno juegan un papel fundamental en el progreso del glaucoma de ángulo abierto. (3)

La malla trabecular en su estado natural tiene un gran potencial antioxidante, el cual se encuentra reducido en pacientes con glaucoma.

Como resultado, nada detiene a los radicales libres de causar una degeneración de la malla trabecular, con lo que empieza a perder su función normal de drenar líquido.

En vista de lo antes mencionado, distintos estudios muestran que mientras menores son los niveles de antioxidantes, mayor será la presión intraocular y el daño al nervio óptico. (4)

Y como es de esperarse, al aumentar nuestro consumo de antioxidantes, el efecto será el contrario: disminuye el daño a la malla trabecular y se retrasa la progresión de la ceguera en el glaucoma de ángulo abierto.

DMAE y antioxidantes

La degeneración macular asociada a la edad es la forma más común de degeneración macular, y a pesar de su nombre clínico, también puede afectar a individuos jóvenes según la literatura científica. (5)

Se trata de un cambio progresivo en la región posterior del ojo, un epitelio sensible a la luz llamado retina, y más específicamente en la parte central de la retina, denominada mácula.

En esta zona es donde llega la mayor parte de los impulsos visuales y es el punto de mayor agudeza en todo el campo visual.

La DMAE puede dividirse también en dos tipos, seca (también llamada atrófica) y húmeda (también llamada exudativa).

En la DMAE seca, unas estructuras en forma de placa se interponen entre la mácula y la coroides, la capa de vasos sanguíneos que nutre la retina.

Por lo tanto, la mácula se va adelgazando y perdiendo la función con el tiempo.

Por otro lado, la DMAE húmeda consiste en una formación excesiva de vasos sanguíneos e inflamación que aumentan el grosor de la mácula y obstaculizan su función normal.

Estudios recientes sobre los radicales libres en la DMAE muestran que el estrés oxidativo puede causar daños a la coroides y al epitelio pigmentario retinal, una capa fuertemente adherida a la coroides que contribuye a nutrir la retina. (6)

Al tener una alta concentración de oxígeno, la retina es objeto de un gran daño oxidativo si no hay suficientes antioxidantes para prevenir el daño.

Por lo tanto, al causar cambios en la función vascular del ojo, los radicales libres son capaces de acelerar la degeneración macular asociada a la edad.

En consecuencia, no es de extrañar que diferentes estudios demuestren que mientras mayor sea el nivel de marcadores oxidativos en un paciente, mayor será la incidencia y severidad de la DMAE. (7)

Lo contrario también es cierto, ya que un ensayo clínico a gran escala en pacientes mayores de 55 años demostró sin lugar a dudas que quienes reciben suficientes dosis de antioxidantes diariamente disminuyen sus probabilidades de sufrir degeneración macular a lo largo de los años. (8)

Un segundo ensayo clínico ha confirmado recientemente los hallazgos del anterior, por lo que no cabe dudas de que la recomendación de utilizar antioxidantes para evitar la degeneración macular es una alternativa viable para la prevención de esta patología. (9)

En conclusión…

Si bien el uso de antioxidantes se ha convertido hoy en día en un tema controvertido por intereses comerciales, hay mucha literatura científica que avala el uso de alimentos y suplementos antioxidantes para distintas afecciones oculares.

La evidencia más contundente está relacionada al glaucoma y la degeneración macular asociada a la edad, ambas entidades muy comunes en nuestra sociedad y las cuales constituyen respectivamente la segunda y tercera causa de ceguera a nivel mundial.

En este particular, los antioxidantes tales como la luteína y los polifenoles, tales como los encontramos en la fruta de la granada y en su corteza, pueden ser de gran ayuda para prevenir estas enfermedades.

Al evitar el daño en la malla trabecular, los antioxidantes como la luteína y los polifenoles son capaces de mejorar el drenaje de humor acuoso y evitar el glaucoma de ángulo abierto.

De forma similar, mediante el efecto protector que confieren a la capa vascular del ojo, los antioxidantes son capaces de retrasar y disminuir la incidencia de degeneración macular asociada con la edad, especialmente la luteína, una molécula similar a la vitamina A.

Por tanto, promover el uso de antioxidantes para reducir el riesgo de estas enfermedades oculares dista de ser una táctica publicitaria. Es una recomendación basada en hallazgos científicos concretos

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